En el gimnasio de Reynoso se hacen trampas, pero está siendo usado como chivo expiatorio
Daniel Pi
@BastionBoxeo
Después de que Francisco “Chihuas” Rodríguez Jr. 40(27KO)-6(1)-1 apalizase brutalmente a un oro olímpico en gran momento como Galal Yafai, resultó evidente que algo no encajaba. Los boxeadores de las divisiones más ligeras, que dependen mucho de la velocidad, suelen tener carreras más cortas y pérdidas más tempranas de rendimiento, por lo que no resultaba racional que un veterano con 47 combates y que ha participado en infinidad de guerras desplegase un ritmo tan sumamente devastador, que de hecho era superior al que tenía en sus años de plenitud.
Con todo, sin pruebas, no se le podía acusar de nada, motivo por el cual en Bastión Boxeo no se realizó ningún artículo sobre el combate Yafai-Rodríguez: no tenía sentido criticar el desempeño del británico, incluso si se equivocó en su elección táctica, cuando su espantosa derrota la había padecido ante un boxeador seguramente dopado. No obstante, la revelación de que Rodríguez dio positivo en un control para ese combate ha permitido afirmar públicamente lo que de otra manera hubiese sido tratado solo como una acusación “sin fundamento” fruto de lo que algunos tildarían como prejuicios, envidia, etc.
A falta de que se publique la sustancia por la que ha dado positivo, se podría dar el caso que se anunciase que el positivo se debió a una sustancia de limitados efectos que pondría en duda las acusaciones. Pero incluso de ser así, eso sólo mostraría que, además de la sustancia “ineficaz”, Rodríguez utilizó otra sustancia más potente que quedó enmascarada, ya que su rendimiento no fue natural, como el propio Sunny Edwards señaló en directo en la retransmisión del combate de la forma más sutil que pudo para evitar una demanda judicial.
Dado que Rodríguez es parte también del equipo de Reynoso, sumándose a los positivos de Canelo, Óscar Valdez, Munguía y Julio César Martínez (recordemos que Nery y Ryan García dieron positivo cuando no eran parte de este equipo), hay certezas sobre las trampas en este gimnasio. No obstante, hay que saber leer esta información de la forma correcta: los grandes poderes en la sombra del boxeo quieren que se conozcan estos hechos con la intencionalidad de usarlos de escudo para otros tramposos.
Primeramente hay que considerar que, después de unos aproximadamente diez años en los que se han hecho tests de forma algo más frecuente que en las décadas pasadas (VADA comenzó a tener verdadero peso a partir de 2015, aunque fue fundada en 2011), se ha revelado lo que se sospechaba desde hacía muchísimo tiempo: que un gran porcentaje de boxeadores se dopan. Incluso aunque los tests de VADA están lejos de cumplir los parámetros necesarios en cuanto a frecuencia y extensión temporal, se han cazado a decenas y decenas de tramposos, lo que demuestra hasta qué punto el problema del dopaje en el boxeo es terrible.
En otras palabras, algunos entrenadores de prestigio mundial, que habían estado en contacto con púgiles, mánagers, promotores, etc. durante décadas, habían señalado antes de toda esta acumulación de casos que consideraban que aproximadamente el 75% de los boxeadores del top 15 se dopaban, afirmación que en su momento a muchos les pareció una locura pero que, visto lo visto, cada día está más cerca de demostrarse que de desmentirse.
Segundo, si bien se han ido desvelando casos en considerable número, el hecho es que los promotores y las organizaciones mundiales han hecho todo lo que estaba en sus manos para tirar los positivos debajo de la alfombra y han negado que el dopaje esté tan extendido como se piensa. No hace falta hacer un gran ejercicio de memoria para recordar como cada tramposo con renombre que ha sido atrapado en los últimos años sigue recibiendo peleas por parte de grandes promotores, es alabado por los palmeros de los promotores en los medios y elude cualquier castigo verdaderamente significativo, siendo múltiples los casos en los que los dopados han recibido un perdón total por parte de los organismos.
Por lo tanto, si tenemos en cuenta que la verdad es que el mal del dopaje en el boxeo está profundamente enraizado y que los grandes poderes del pugilismo en los despachos intentan minimizar el alcance de los positivos (incluso si fingen compromiso contra el dopaje), que se estén desvelando tantos casos en el gimnasio de Reynoso, y de nombres tan relevantes como el del propio Canelo, sólo significa una cosa: que el equipo es culpable pero que la élite de los despachos quiere usarlo como chivo expiatorio para desviar la atención en el problema del dopaje. Dicho de otro modo, se está enviando el mensaje a los fans de que Reynoso es una única manzana podrida que pudre todo lo que toca, y que cuando se quite esta manzana el boxeo estará limpio.
Sin embargo, aunque es evidente que se hacen trampas en el gimnasio de Reynoso, no hay que dejarse engañar: este sólo es un caso, y un caso muy relevante, pero ni muchísimo menos es la fotografía completa del dopaje en el boxeo. Hay varios entrenadores del máximo prestigio internacional que tienen equipos repletos de dopados que simplemente todavía no han dado positivo, siendo evidente que ciertos púgiles han cambiado su rendimiento físico de una forma tan sumamente radical como imposible por métodos limpios. De hecho, en algunos casos hasta el propio entrenador toma esteroides, algo que resulta innegable sólo con mirarlo y que demuestra cuál es su visión personal sobre las sustancias ilegales.
Por otro lado, no sólo los grandes equipos mundiales tienen dopados, sino que en todo el planeta hay equipos pequeños que recurren al dopaje y boxeadores que se apoyan en las sustancias ilegales al margen de su preparador técnico, ya sea dopándose apoyado por preparadores físicos privados desconocidos para el gran público o por grandes empresas de acondicionamiento físico. Respecto a este último punto, el de las empresas de preparación, hay algunas de lo más sospechosas y que, entre otras cosas, son capaces de hacer cortes de peso absolutamente gigantescos y que deberían hacer saltar todas las alarmas.
En definitiva, con la única certeza que el caso Reynoso no es el único, ni mucho menos, y sin poder contar con la ayuda de los organismos y promotores para poner coto a las trampas, sólo nos queda confiar en nuestro criterio para, como Sunny Edwards en el caso de Rodríguez, considerar de forma objetiva y racional si lo que estamos viendo y hemos visto en muchos combates es posible. Si se hace este ejercicio, las preguntas saldrán solas sobre cosas que se han visto, por ejemplo, en los últimos cinco años.
¿Es posible que un combatiente mediocre sin experiencia de calidad se mida a un boxeador del nivel de un campeón mundial y lo vapulee?; ¿es posible que un peso pesado que no había mostrado pegada ante púgiles a medida y sin encaje se convierta en un temible pegador?; ¿es posible que un boxeador veteranísimo presente un físico de culturista que no tenía ni en sus mejores años?; ¿es posible que un púgil que ha participado en 50 guerras y que ha sido noqueado múltiples veces logre knockouts de una mano brutales cuando está al borde del retiro?, etc.
Seguramente, algunas de estas preguntas, dependiendo del caso, puedan tener explicaciones que no se entrelazan con las trampas (por ejemplo, hasta un mal jornalero puede tener un día de suerte) y quizás alguna vez tengamos sospechas injustas sobre gente inocente. Pero es a esto a lo que nos ha llevado la gigante horda de tramposos que existe en el boxeo y la total impunidad que le otorgan los grandes poderes.
Finalmente, como caso que debe darnos que pensar sobre cómo de mal funciona la lucha antidopaje en el boxeo, deporte en el que los combatientes se juegan la vida y su integridad física, no se puede cerrar el artículo sin mencionar el positivo por clomifeno de Imam Khataev que se hizo publico ayer. Si no es que alguien lo impide, este sábado Khataev combatirá contra David Morrell, a pesar de que el ruso dio positivo ¡en abril de 2024!, fecha desde la cual ha noqueado a Ricards Bolotnkis, Ezequiel Maderna y Yunior Menéndez, además de vencer a los puntos a Durval Palacio, sin que nadie conociese sus trampas, le suspendiese o lo apartase de su escuadra.

There is cheating at Reynoso’s gym, but it’s being used as a scapegoat
Daniel Pi
@BastionBoxing
After Francisco “Chihuas” Rodríguez Jr. 40(27KO)-6(1)-1 brutally beat down an Olympic gold medalist in top form like Galal Yafai, it became evident something didn’t add up. Fighters in the lighter weight classes, who rely heavily on speed, typically have shorter careers and earlier drops in performance. So it made little sense that a veteran with 47 fights and countless wars under his belt would put on such a devastating pace—one even greater than in his prime.
Still, without proof, there was nothing to accuse him of, which is why Bastion Boxing didn’t publish an article about the Yafai–Rodríguez fight. It made no sense to criticize the British fighter’s performance—even if his tactical approach was flawed—when his horrific loss came at the hands of someone very likely doped. However, the revelation that Rodríguez tested positive for that bout has allowed us to publicly state what would’ve otherwise been dismissed as “baseless accusations,” brushed off as prejudice, envy, and so on.
If the substance behind the positive test turns out to be one with limited effects, it might cast doubt on the accusations. But even then, that would only suggest Rodríguez used a more potent drug masked by the “ineffective” one—because his performance wasn’t natural, something Sunny Edwards subtly hinted at during the live broadcast, careful to avoid legal repercussions.
Since Rodríguez is also part of Reynoso’s team—adding to the list of positives including Canelo, Óscar Valdez, Munguía, and Julio César Martínez (Nery and Ryan García tested positive when they weren’t part of this team)—it further confirms that something shady is going on at that gym. Still, we must read this situation correctly: powerful figures behind the scenes in boxing want this info out to use it as a shield for other cheaters.
Let’s start with the fact that after around ten years of more frequent testing (VADA started gaining real influence in 2015, though founded in 2011), it’s become clear what’s long been suspected: a big percentage of boxers are doping. Even though VADA’s testing lacks frequency and duration, dozens upon dozens of cheaters have been caught—showing how deeply rooted doping is in boxing.
In fact, some top-level trainers with decades of experience with boxers, managers, promoters, and others, had said long before this surge in positives that around 75% of fighters in the top 15 were doping—a claim many once considered outrageous, but which, as things stand now, seems increasingly credible.
Secondly, even though cases are now coming to light in significant numbers, promoters and governing bodies have gone out of their way to sweep positives under the rug, denying that doping is as widespread as it clearly is. We don’t have to dig far into memory to see that nearly every high-profile cheater caught in recent years continues to get fights from major promoters, is praised by their media lackeys, and avoids any real punishment—many have been fully absolved by the organizations.
So, if we consider how deeply rooted doping is in boxing and how the powers that be work to downplay it (even while pretending to fight it), the sudden spotlight on Reynoso’s gym—with names as big as Canelo—means just one thing: although the team is guilty, it’s being used by decision-makers as a scapegoat to divert attention from the broader doping problem. In other words, they’re sending fans the message that Reynoso is the one rotten apple spoiling everything, and that once it’s removed, boxing will be clean again.
However, although it’s clear that there is cheating at Reynoso’s gym, we shouldn’t be fooled—this is just one case, and a very significant one, but it’s by no means the full picture of doping in boxing. There are several world-renowned trainers whose teams are filled with doped fighters who simply haven’t tested positive yet, as it’s clear that some boxers have transformed their physical performance so radically that it’s impossible to attribute it to clean methods. In fact, in some cases even the trainer himself uses steroids—obvious just from appearance—which says a lot about their views on illegal substances.
And it’s not just elite global teams. All over the world, small gyms and fighters resort to doping—some doing so independently of their technical coaches, using unknown private trainers or high-performance conditioning companies. Speaking of those companies, some are highly suspicious, as they are capable of helping fighters cut massive amounts of weight, which should set off every alarm.
Ultimately, with the obvious reality that Reynoso’s team is far from the only one, and without the support of governing bodies or promoters to stop the cheating, all we can do is trust our judgment. Like Sunny Edwards with Rodríguez, we must objectively and rationally assess whether what we’re seeing in fights is actually possible. If we do that, we’ll start asking tough questions about things we’ve seen—especially in the last five years.
Is it possible that a mediocre fighter with no quality experience can step in against a world champion and crush him? Is it possible for a heavyweight who had never shown punching power against tailor-made opponents with weak chins to suddenly become a fearsome puncher? That a worn-out veteran suddenly shows off a bodybuilder’s physique, better than in his youth? That a boxer with 50 wars and who has suffered multiple knockouts pulls off one-punch KOs while nearing retirement?
Some of these things may have legitimate explanations (even a journeyman can have a lucky night), and we might occasionally suspect the wrong people. But this is what the giant horde of cheaters in boxing has led us to, along with the complete impunity granted by the sport’s power brokers.
Finally, as a case that should make us reflect on how poorly anti-doping efforts work in boxing—a sport where fighters risk their lives and physical integrity—it’s impossible to close this article without mentioning Imam Khataev’s positive test for clomiphene, which became public yesterday. Unless someone intervenes, this Saturday Khataev will face David Morrell, despite the Russian fighter testing positive back in April 2024—a date since which he’s knocked out Ricards Bolotnkis, Ezequiel Maderna and Yunior Menéndez, and also defeated Durval Palacio by decision, all without anyone knowing about his cheating, suspending him, or removing him from his stable.









