Jarrell Miller

Jarrell Miller estaba excluido durante tres años por el WBC antes de su nuevo positivo en test antidopaje

Daniel Pi
@BastionBoxeo

Si algo está poniendo de manifiesto nuevamente el caso del peso pesado Jarrell Miller es la total falta de organización y de consenso que existe en el mundo del boxeo y la multitud de ventanas que por ello se crean para que los tramposos puedan seguir adelante con sus carreras. Y es que el presidente del WBC, Mauricio Sulaimán, ha aclarado que Miller había sido expulsado de su organismo tres años por no incluirse en el programa antidopaje del Consejo Mundial de Boxeo.

Así lo explicó para Sky Sports:

“Fue expulsado del WBC. Esto es porque no se unió al programa de boxeo limpio [CBP por sus siglas en inglés], no una, sino dos veces. Ha estado fuera del WBC durante tres años porque consideramos que no era elegible para los rankings y porque no se unió al programa de boxeo limpio. La primera vez que fue ranqueado le enviamos los documentos. Tenía tres meses para rellenar tres formularios, y no lo hizo. Entonces, de alguna manera, ellos dijeron que no tenían los papeles. Así que le llamamos de nuevo y le enviamos los papeles, y por segunda vez no los presentó. Así que ha estado expulsado del WBC durante tres años”.

Estas explicaciones que llegan tarde, ya que se deberían haber anunciado y repetido debidamente, especialmente en un caso concerniente a un individuo con un pasado de dopaje, ilustran cuál es el grado de descontrol que las autoridades tienen sobre los boxeadores. Y es que, si bien un organismo puede mantener apartado a un boxeador durante tres años por no cumplir con los protocolos antidopaje y algunas comisiones pueden negarse a darle licencia, otros organismos no sólo le permiten seguir peleando bajo su estandarte sino que le dan la oportunidad de pugnar por sus cinturones a la vez que otras comisiones aceptan sin tapujos dar licencia a cualquier púgil, por graves que sean sus faltas.

Por otro lado, el WBC no debería pretender ponerse en un pedestal por su acierto con el caso de Miller, ya que su visto bueno a boxeadores que han dado positivo, sobre todo por clembuterol, ha sido recurrente y extremadamente negligente.

Regresando al peso pesado estadounidense, una y otra vez el caso de Miller está mostrando que es una oportunidad de oro para acordar protocolos estandarizados entre los organismos y sanciones que se apliquen en todos ellos de manera simultánea. Asimismo, es la hora de que, si siempre van a existir comisiones que puedan dar licencia a individuos de la peor calaña, los organismos unifiquen su criterio para excluir de sus peleas titulares a los púgiles con licencia de las comisiones controvertidas. Además, se debería ejercer presión coordinada contra las grandes promotoras que los respaldan. Sólo de ese modo se comenzarán a poner trabas a los que incumplen el reglamento (en el dopaje y en otros ámbitos) y se comenzará a dar el debido crédito al boxeo como un deporte y no sólo como un negocio.

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