Sonny Fredrickson – Shohjahon Ergashev (12/1/2018)

Turning Stone Resort & Casino, Verona, Estados Unidos. Peso Superligero.


¿Qué garantiza el éxito de un boxeador? Muchas veces se le da la importancia central a una buena base amateur, que Fredrickson posee, no habiendo sido precisamente un campeón olímpico, ni siquiera nacional, pero contando con un gran número de combates no profesionales (unos 130) y alguna buena participación en importantes torneos estadounidenses. En otras ocasiones se dice que los aspectos físicos son los que marcan la diferencia, algo que también está del lado de este prospecto, que con 1,85 m (6’1”) de altura y 1,93 m (76”) de alcance tiene ventaja sobre la casi totalidad de los peso superligero actuales. Finalmente, con una pegada apreciable, una promotora poderosa y un 67% de triunfos antes del límite, parece que Fredrickson tiene todo lo necesario para triunfar.


Con todo, hay otro aspecto vital, que muchas veces pasa desapercibido, entre otras cosas porque es difícil de evaluar, pero que es incluso más importante que todo lo mencionado: el carácter. Desde hace unos años, son muchos los destacados entrenadores, especialmente estadounidenses y británicos, que están clamando contra la actitud de muchos prospectos y jóvenes en ascenso, que obsesionados con el uso del móvil, con las redes sociales y con acumular ropa de marca muestran una inadecuada preparación mental para un combate de boxeo. Esta problemática se ha acentuado en lugares en los que la conflictividad era elevada y recientemente se ha pasado a una calidad de vida más alta, viendo los entrenadores de dichas zonas una transición casi de la noche a la mañana desde duros y concentrados púgiles que se jugaban a todo o nada las posibilidades de su familia y las suyas en cada combate y entrenamiento a chavales con claros problemas de actitud y respeto pero con su porvenir asegurado.


Obviamente, no es necesario crecer en una ciudad pobre y pelear desde niño con mineros, como se dice que le pasó a Gennady Golovkin, para ser un gran boxeador. De hecho hay muchos casos en los que han triunfo púgiles provenientes de familias ricas, por ejemplo, con mucha tradición boxística. En otros casos, muchísimos púgiles icónicos provenían de la clase media o de la trabajadora y simplemente por afición o cualidades innatas se han labrado un camino en el boxeo sin necesidad de experimentar una vida realmente difícil. Y es que hay muchas formas de adquirir carácter o actitud y no sólo una experiencia vital complicada lo asegura.


Igualmente, en barrios donde en otras décadas sólo el gimnasio de boxeo marcaba la división entre una vida desordenada o una estable, no sólo han visto como sus miembros decaían en su compromiso sino que muchos de estos centros de entrenamiento directamente han llegado a cerrar sus puertas por la falta de púgiles, abriendo nuevos en otras zonas más céntricas y donde en otro tiempo no parecían tener futuro.


Sobre la decadencia del estilo de boxeo estadounidense llamado “callejero”, o sea del practicado mayoritariamente por afroamericanos provenientes de zonas conflictivas, se pueden encontrar por todo internet artículos y discusiones en foros muy interesantes que ilustran este asunto y que citan como ejemplo de ello a Adrien Broner, Gervonta Davis y a otros boxeadores que desperdician sus cualidades por una actitud mental totalmente equivocada.

Regresando al encuentro entre Fredrickson y Ergashev, esta tónica se pone evidentemente de manifiesto. De un lado, el estadounidense con todas las cualidades y ventajas de su lado, pero que se cuenta que está obsesionado con coleccionar calzado deportivo y que tiene como principal (y casi única afición) ir a comprar ropa, habiendo adquirido por ello el sobrenombre de “Pretty Boi.”, se enfrentaba a un uzbeko que también desarrolló una sólida carrera amateur, aunque sin medios equivalentes, con desventaja en bagaje profesional y altura pero lleno de actitud y decisión, ya sea por sus experiencias fuera del ring o por su deseo de triunfar en el boxeo.


El contraste no podía ser más elevado al entrar ambos al cuadrilátero, con Ergashev portando una prenda tradicional de su país, mientras que a Fredrickson no se le podía distinguir de otros jugadores de basket o boxeadores que siguen las modas imperantes. Cuando el árbitro hizo que ambos púgiles se encontraran en el centro del ring, Ergashev casi atropella a su rival, mostrando en sus ojos la llama de la ambición, mientras que Fredrickson con expresión indiferente, y quizás algo de duda, esperaba el inicio del combate.


El tañido inicial llegó y un Ergashev que era una incógnita por su falta de tests de calidad como profesional, y que algunos consideraban casi como víctima propiciatoria, se abalanzó sobre su oponente lanzando zurdazos, aislados o encadenados con ganchos diestros, en arranques de agresividad controlada. Por su parte Fredrickson nada ofrecía para detener el vendaval, haciendo que la supuesta víctima viese tan aumentada su moral que incluso se atrevió a provocar a su rival emulando los gestos de un torero que busca el envite. Los gestos chulescos pueden ser reprochables, pero no es lo mismo bravuconear delante de un boxeador roto y sin posibilidades que hacerlo en el primer round ante un favorito. Aun así, la verdad es que Ergashev se mostró fanfarrón incluso en el pesaje, donde su conducta fue nefasta.


Durante unos instantes, el estadounidense reaccionó ante la provocación de su contrincante, usando combinaciones de ganchos, pero, carente de alma, su empuje se desvaneció con extrema rapidez, languideciendo ante la acometividad del visitante.


Tras esto último, y alcanzado el tercer round, Ergashev conectó un poderoso directo zurdo que estremeció a Fredrickson, abalanzándose sobre él en busca del knockout. Con todo, el uzbeko cometió una irregularidad al empujar hacia abajo a su rival y lanzar un uppercut, dando el árbitro con su reproche tiempo al local para que se recuperase. De todos modos, el combate estaba decidido hacía ya muchos minutos, por lo que, encerrando a su rival en el ensogado, Ergashev conectó durísimos directos y ganchos de izquierda hasta que obligó al tercer hombre a detener las acciones.


Primeramente se debe mencionar que Ergashev 11(11KO)-0 en su primera prueba de fuego como profesional cumplió a la perfección, mostrándose sumamente preciso, potente e incluso hábil, creando ángulos trazando diagonales en los momentos oportunos, incluso a mitad de un ataque. Todo lo contrario se puede decir de Fredrickson 18(12KO)-1(1) que no jabeó, no se mantuvo dinámico, no intercambió y no contragolpeó. Pero, como hemos dicho, sus problemas sobre el ring partían de su propia actitud y no de su falta de cualidades o conocimiento. Obviamente, no hay que descartar su carrera, ya que será precisamente ahora cuando pasará el mayor examen, en el que deberá contestar si quiere aprender de sus errores y luchar por una trayectoria boxística, volviendo seguramente muy fortalecido por esta experiencia, o si prefiere seguir con su mala actitud pero fuera de los rings.


Finalmente, como comentario general, hay que introducir el caso de Fredrickson en el contexto general del boxeo estadounidense, que muchos aseguran que está en crisis por los problemas que está experimentando el boxeo “callejero”. Algunos intentan justificar estas dificultades en una supuesta persecución de los grandes medios estadounidenses, algo realmente falso, ya que ahora mismo púgiles como los hermanos Charlo, o el mismo Broner a pesar de su falta de éxitos, acumulan minutos y loas indescriptibles y en teoría pertenecen a esta escuela. Otros muchos saben bien cuál es la cuestión, que no es otra que un problema de actitud general en una generación de púgiles en ascenso, que no afecta por el momento a boxeadores con un compromiso total como por ejemplo Errol Spence. Por último, hay que contemplar como una causa la introducción masiva de boxeadores de la escuela soviética, que bajo estrictos métodos de desarrollo que exigen mucha disciplina (y a veces con vidas duras a sus espaldas), elevada carga técnica y perfecta condición física, representan una contramedida perfecta al estilo “callejero”, como se ha demostrando muchas veces desde la victoria de Kosta Tszyu en 2001 ante Zab Judah.

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