Andre Ward – Sergey Kovalev II (17/6/2017)

Mandalay Bay, Las Vegas, Estados Unidos.

Campeonato mundial WBA, WBO e IBF del peso semipesado. Primera puesta en juego de las coronas conjuntas del titular Ward.


Tras el primer enfrentamiento, en el cual los tres jueces le robaron el triunfo a Kovalev, el boxeo ya recibió un duro golpe, en especial en cuanto a cantidad de aficionados estadounidenses que afirmaron estar definitivamente hartos de resultados amañados y que decidieron pasarse al MMA, que desafortunadamente cada vez le está ganando más terreno en ese país al pugilismo. Pues si eso es lo que sucedió con un simple veredicto corrupto, no se puede ni saber cuáles serán las consecuencias del nefasto y repulsivo desenlace de un nuevo robo, pero esta vez todavía peor. Y es que en el octavo asalto, y tras haberse impuesto en la mayoría de rounds anteriores, Kovalev recibió tres golpes bajos que, en vez de suponer el descuento de un punto a Ward, conllevaron que el infame árbitro comprado Tony Weeks, que en su momento ya echó una mano a Floyd Mayweather de manera más sutil, decretase un KO Técnico que puede ser contado como una de las peores detenciones de la historia reciente del boxeo.


De todos modos, lo peor no es que Ward volviese a recurrir por enésima vez a las marrullerías, a los golpes bajos reincidentes y a los constantes clinches, ni que se vanagloriase de su tramposo triunfo, ni que Weeks tolerase las irregularidades sin sancionarlas, ni siquiera que dos de los jueces viesen al local ganando. Lo peor de todo es que aficionados estadounidenses, pero sobre todo afroamericanos, justifican la horrenda victoria de Ward por motivos ideológicos, algo que también hacen críticos “profesionales” como el prestigioso Dan Rafael, quien en realidad no es más que un verdadero propagandista. Así, el boxeo vuelve a padecer sus dos mayores males: la corrupción y la justificación de la misma por intereses ideológicos, nacionales, raciales o económicos.

Respecto al desarrollo del cruce, aunque Ward afirmó que boxearía de manera diferente, en realidad esto no fue así, como señalamos en la previa, puesto que es incapaz de hacer otra cosa que no sea sprintar, realizar agarres y buscar el golpeo oportunista. De todos modos, Kovalev volvió a imponerse en la distancia larga, anotándose casi todos los asaltos por un superior uso del jab, que en cada round conectó con claridad. Ante ello, Ward ofrecía constantes agarres, en los que aprovechaba para lanzar golpes curvos, y en ocasiones llegó con algún claro directo o hook zurdo al contragolpe. Aun así, estos puños fueron muy escasos y un “Krusher” que portaba la iniciativa y usaba los rectos con cierta frecuencia iba aparentemente por delante en la pugna. En cualquier caso, debería haber ido mucho más por delante si Ward hubiese recibido el descuento de un punto o por golpear cuatro veces fuertemente por debajo de la cinturilla o por su repetido uso del clinch. Además, el ruso esta vez no parecía acusar tanto el cansancio, por lo que sus posibilidades de lograr el triunfo no eran nada malas.


Estando así la situación, en el octavo episodio Ward sacó una derecha por sorpresa que tambaleó a su rival que, aunque trataría de agarrarse, sería alcanzado por golpes curvos. De todos modos, Kovalev, aunque fue perseguido hasta quedar en las cuerdas, logró hacer fallar puños al local, por lo que, restando algo más de 30 segundos, pareció posible que terminase en pie el round. Entonces llegaron los tres golpes bajos consecutivos que doblaron a Kovalev pero que no fueron seguidos por un tiempo para que pudiese recuperarse, acompañados del descuento de un punto al campeón. Al contrario, Weeks agitó los brazos señalando el final.

Sin duda, va contra los principios del boxeo y de sus participantes celebrar victorias inmerecidas y logradas con trampas, pero Ward a penas se puede considerar un boxeador sino un títere de las agendas político-sociales-económicas de su país, por lo que estalló de júbilo como si hubiese noqueado a su rival en buena lid. Así, si bien retenía sus cinturones y seguirá siendo considerado número 1 del peso semipesado, ponía otra mancha más en su trayectoria llena de buenos números e irregularidades. No nos engañemos, dejando al margen lo que no se puede pasar por alto, o sea que en el comienzo del mismo octavo asalto ya dobló a su rival con el cuarto golpe bajo, quizás después de haber tambaleado a Kovalev podría haberse hecho con un triunfo relativamente lícito. Pero de la forma en que acabó el choque, la victoria no puede resultar válida más allá de lo que diga su récord. Una mención también merecen Glen Feldman y Dave Moretti que llevaban ganando 67-66 a Ward en el momento de la detención, cartulinas inapropiadas, siendo mucho más lógico el 68-65 dado por Steve Weisfeld.


Sea como sea, con este resultado se ponía un nefasto broche a una mala semana para el boxeo, ya que en ésta también se confirmó el esperpéntico Mayweather-McGregor, nada más que un circo montado para ganar dinero a costa de decepcionar a los múltiples aficionados casuales. En cualquier caso, éste podría dejar un escenario pésimo para el boxeo que, por poco probable, no está siendo observado. Y es que, aunque con total seguridad el oportunista Mayweather podrá imponerse a un McGregor que a duras penas sabe boxear, ¿Qué pasaría si con un lucky punch Mayweather fuese derrotado? ¿Dónde dejaría esto al boxeo? ¿Qué se podría decir de un púgil enteramente sobrevalorado y que ha hecho enormes esfuerzos por destruir el prestigio de este deporte y que ha contagiado a una generación de boxeadores con su actitud de diva?


Por desgracia, en un momento en el que Estados Unidos pasa por una crisis boxística, en la que ya no hay ni un sólo nombre como Hagler, Frazier, Hearns, Leonard, Tyson, Louis, entre otros, sólo púgiles controvertidos como Mayweather o Ward o influenciados por estos reciben gran atención por parte de los medios boxísticos en ese país, sin importar como consiguen sus triunfos. Por ello, asentando un pésimo precedente, cada vez queda más claro para muchos boxeadores que lo único importante es el dinero que se consigue y no demostrar inequívocamente que se es el mejor, teoría refrendada por Ward que, tras sumar más de 6 millones por este combate en el que no demostró ser el número 1 del peso semipesado, no apunta a Stevenson o a Beterbiev sino a alguna última pelea de lucimiento en el peso crucero o incluso en el pesado para intentar asentar su inmerecida fama. ¿Alguien verdaderamente piensa, en caso de que suba a las superiores divisiones, que Ward se medirá a Gassiev o Joshua? La respuesta resulta evidente, pero también lo es que no le faltará el apoyo de la cúpula boxística estadounidense para hacerse con un triunfo dudoso ante un rival con carencias que le sitúe en una página de la historia del boxeo que sólo merecería, de forma cuestionable, por su recorrido en el peso supermedio.

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