Andre Dirrell – José Uzcátegui (20/5/2017)

MGM National Harbor, Oxon Hill, Estados Unidos.

En juego el título interino IBF del peso supermedio.


El Dirrell-Uzcátegui sólo debería haber sido una interesante pelea que actuase como eliminatoria para el acceso a un mundial ante el lesionado campeón IBF del peso supermedio James DeGale, pero, tras un controvertido final, el duelo dejó una de las escenas más nefastas y repulsivas de la historia reciente del boxeo.


El combate desde el punto de vista táctico resultó sencillo de analizar y previsible, ya que Dirrell se dedicó a desplazarse cercano a las cuerdas intentando evitar al noqueador Uzcátegui pero no lo consiguió, siendo la diferencia en pegada y claridad, especialmente con los golpes de poder, demasiado amplia a favor del venezolano. Y es que, aunque Dirrell intentó usar su jab y sorprender con eventuales directos aislados, “Bolivita” lo superó round tras round con sus combinaciones de hooks y sus ganchos zurdos enlazados con directos.

En el primer asalto el estadounidense ya pasó por apuros y en el segundo incluso visitó la lona, aunque el árbitro estimó que había caído por un empujón. Cabe destacar que al final de este episodio Uzcátegui golpeó fuera de tiempo. En cualquier caso, el dominio del visitante era muy amplio, imponiéndose tanto al ataque como al contragolpe gracias a su superior velocidad y precisión. Así, antes del ecuador de la contienda resultaba evidente que Dirrell estaba boxeando demasiado conservador, que sus posibilidades de éxito empezaban a parecer nulas y que necesitaba un cambio brusco en su planteamiento si quería evitar la derrota.


Si bien, en el sexto asalto y aprovechando una bajada de ritmo de su rival, el local lograría anotar algún gancho diestro y amagar con la reacción, esto no sería más que un espejismo. En el séptimo y en el octavo round Uzcátegui hizo repuntar su actividad ofensiva, llegando nítidamente con su duro directo y volviendo a poner en apuros a su rival. Aquí sería donde se alcanzaría el desenlace de la contienda, puesto que una combinación gancho zurdo-directo-gancho zurdo tumbó a Dirrell sobre la lona. 


En circunstancias normales éste hubiese sido el final adecuado a una pelea dominada por José Uzcátegui 26(22KO)-2, pero en vez de hacerse con la victoria, el venezolano salió derrotado del combate. ¿Cómo es posible? El primer golpe de la serie fue legal, el segundo llegó sobre la campana y también fue legal, pero el tercero estuvo algo más allá del límite de tiempo. Quienes hagan algo de memoria podrán recordar como, en una escena dantesca, Dirrell fingió no poder seguir combatiendo en 2010 en su duelo ante Arthur Abraham cuando éste le golpeó mientras tenía la rodilla en la lona. Pues bien, en un caso similar, Dirrell volvió a fingir no poder ponerse en pie para, de nuevo, hacerse con una victoria por descalificación.


Si todo hubiese terminado ahí, sólo hubiese sido una secuencia para la polémica en una jornada más, pero lo peor de todo es que, minutos más tarde, en un acto cobarde y miserable, el entrenador y tío de Andre Dirrell, Leon Dawson, se acercó a Uzcátegui y, cuando éste estaba distraído, le lanzó dos golpes a traición. Por otro lado, no se debe pasar por alto que Anthony Dirrell, boxeador hermano de Andre, y amigos suyos generaron un altercado a pie de ring minutos antes.


La consecuencia de esto es que el equipo de Uzcátegui ha presentado una demanda por agresión contra el tío de Dirrell, que supuestamente se encuentra en paradero desconocido, una presunta fuga que podría agravar su pena. La cuestión de que se encuentre ilocalizable resulta realmente extraña teniendo en cuenta que miembros de la comisión atlética estuvieron hablando con él momentos después del incidente.


Sea como sea, el caso es que Dirrell, que en un acto impropio de un boxeador renunció a intentar ponerse en pie para hacerse con una victoria sin mérito ni honra, se convierte en titular interino y retador obligatorio del campeón IBF del peso supermedio James DeGale, todo ello a la vez que su actuación y la de su tío cuentan con el respaldo explícito de algunos elementos, como, por ejemplo, la prospecta Claressa Shields.


La acción de Uzcátegui fue ilegal e incluso reprobable, más aún habiendo sido reincidente en el combate, pero, dicho esto, resulta sumamente difícil detener a medio una combinación de tres golpes cuando dos de ellos ya se han lanzado y se gira para impactar el siguiente. Además, aunque ese último puño no hubiese llegado, la pelea estaba totalmente controlada por Uzcátegui, que se hubiese hecho indudablemente con el triunfo aunque uno de los jueces (todos estadounidenses en una nueva muestra de parcialidad inaceptable), daba un insultante empate en el momento de la detención.


El equipo de Uzcátegui, lógicamente, ha pedido que se decrete un No Contest y se ordene una revancha y habrá que ver como reacciona ante esta situación la IBF con su afán de rigidez, seriedad y transparencia. Por otro lado, el WBC y la ABC (Asociación de Comisiones de Boxeo) han decidido suspender a Leon Dawson, que, por su deleznable acción, merece ser suspendido de por vida como entrenador y debería sufrir una dura sentencia. Y es que su acto es una indeleble mancha para el boxeo, ya que páginas deportivas o sensacionalisatas/deportivas que nunca tienen una palabra para el boxeo no han perdido la ocasión de elaborar contenido estigmatizante a costa de este incidente, que en absoluto representa lo que los practicantes profesionales o aficionados, los críticos o los meros espectadores, representan. 


De todos modos, no se debe caer en el error de contestar a los prejuicios de manera absurda. Los aficionados y los implicados en el boxeo han hecho durante décadas un gran esfuerzo por demostrar, sobre todo en los países en los que es más duramente perseguido, que la negativa imagen que se tiene de este deporte es falsa y que no es un entretenimiento bárbaro sustentado por semicriminales sin aprecio por la integridad humana. Con todo, el loable esfuerzo por cambiar esta mala imagen ha llevado con buena intención a determinadas personas a sobrevalorar a todos y cada uno de los componentes del boxeo. No se puede negar que en el pugilisimo, como en todo deporte, existen individuos y equipos sin valores y de conducta repugnante, que deben de ser extirpados del boxeo y cuyas malas acciones deben ser rechazadas de forma absoluta y sin brechas.


Dejando al margen esto, no será necesario emprender acciones especiales contra los hermanos Dirrell, puesto que, con los insultos gritados por Andre Dirrell a los espectadores que abucheaban la acción de su tío y su nefasto comportamiento dentro y fuera del ring, han perdido definitivamente el poco crédito que conservaban ante los ojos de cualquier seguidor del boxeo que no tenga como empeño destruir la imagen de este deporte, no cabiendo duda tampoco que tanto a Anthony como a Andre más pronto que tarde el propio boxeo les pondrá en el lugar que merecen.

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