Abraham-Krasniqi eliminatoria final WBO confirmada y ¿Son útiles las defensas mandatorias?

Hace algo más de medio año, el campeón WBO supermedio Arthur Abraham perdía su cinturón mundial ante el prometedor Gilberto Ramírez, siendo la victoria del mexicano tan sólida, absoluta e incuestionable que durante el combate el armenio (residente en Alemania) parecía un oponente modestísimo o un rival de sustitución avisado a última hora. Habiendo recordado dicho precedente ¿Tiene algún sentido que Abraham participe en la siguiente eliminatoria final WBO para decidir al primer retador mandatorio de Ramírez? La respuesta resulta evidente, dado que Abraham 45(30KO)-5(1) no parece capacitado para imponerse por su lentitud, falta de recursos y capacidad de sorpresa, pero la Organización, en una decisión sin sentido, no ha dudado en ofrecerle la oportunidad. Así, Abraham combatirá, el 22 de abril, en alguna sede alemana por confirmar, contra un Robin Krasniqi 46(17KO)-4(1) poco destacado y que en su último combate de entidad, ante Jürgen Brähmer, fue dominado y obligado a abandonar.


Los organismos siempre encuentran excusas para justificar lo injustificable, aludiendo normalmente a sus opacos, ambiguos y arbitrarios estatutos. Así, probablemente, si alguien le preguntase a la directiva de la WBO por esta decisión, la respuesta sería señalar una línea de su código en el cual se observa el buen ranqueamiento de sus excampeones. Del mismo modo, podrían argumentar que la ajustada victoria de Krasniqi ante otro top 15, como Jürgen Doberstein, justifica su elevado posicionamiento en la lista. De todos modos, y dejando de lado que el peso supermedio pasa por cierta crisis en cuanto a nivel de sus aspirantes y campeones, la lógica y el análisis imparcial indican que estos dos boxeadores no son los retadores más destacados de la actualidad ni quienes, por lo tanto, deben pelear por el acceso al mundial, no siendo una excusa que la lista WBO esté mal configurada y no haya demasiadas alternativas de calidad. Igualmente, contando sólo a los boxeadores ranqueados y sin compromisos, púgiles como Zac Dunn, Matt Korobov o Rocky Fielding deberían ofrecer una mejor actuación que los que disputarán la eliminatoria, o al menos deberían ser una cierta incógnita de cara al mundial.


En cualquier caso, el Abraham-Krasniqi no es ni mucho menos la peor eliminatoria decretada por uno de los cuatro organismos recientemente ni ninguno de los dos es el peor mandatorio posible. Son muchos los aficionados que por este y otros casos aún más graves (presentes en todos los organismos sin excepción) consideran que la defensa mandatoria es sólo una perdida de tiempo y un impedimento, ya que obliga a los campeones a permanecer estancados sin que verdaderamente se vayan a ver amenazados o puestos a prueba por los retadores. Ciertamente hay numerosos casos que defienden esta teoría, pero muchos más que la niegan.


Si echamos la mirada sólo un poco hacia atrás, es posible ver casos verdaderamente espantosos, como cuando Golovkin (es cierto que después de la lesión de Tureano Johnson) tuvo que enfrentar como retador obligatorio al flojísimo Dominic Wade, que no merecía ni siquiera estar ranqueado en el top 15. Del mismo modo, se puede recordar la última defensa obligatoria de Kell Brook ante Kevin Bizier, retador que ni muchísimos menos es ni siquiera uno de los 20 mejores pesos welter de la actualidad (tanto Golovkin como Brook vencieron dichos duelos en dos rounds). También se puede citar, por ejemplo, la espantosa decisión de nombrar a un Kiryl Relikh sin mérito alguno hasta el momento como mandatorio del campeón WBA superligero Ricky Burns, aunque aun así el retador logró ofrecer una actuación tan dura que incluso mereció la victoria a pesar de que los corruptos jueces se negaron a dársela.


Dejando de lado estos malos precedentes, y aunque se pueden señalar varios más, se pueden destacar en los últimos años muchísimos más retadores obligatorios de calidad y gran peligro que asequibles. Por ejemplo, Wladimir Klitschko fue destronado por el mandatorio Tyson Fury, Stiverne lo fue por Wilder, al igual que Charles Martin por Joshua. El durísimo Krzysztof Glowacki perdió su corona ante el obligatorio Usyk, del mismo modo que Denis Lebedev cedió su cinturón IBF ante el obligatorio Murat Gassiev. Francisco Vargas le arrebató su cetro a Takashi Miura siendo también mandatorio, al igual que Jessie Magdaleno ante Nonito Donaire, Gilberto Ramírez ante Arthur Abraham, Charlo ante Bundrage, Inoue ante Narváez, Tapales ante Singyu y Jerwin Ancajas ante McJoe Arroyo o Eduard Troyanovsky ante César Cuenca. Igualmente, muchos otros retadores mandatorios destacadísimos, sin llegar a lograr imponerse en el mundial, ofrecieron magníficas peleas como Anselmo Moreno ante Shinsuke Yamanaka.


Por contra, los campeones que han conseguido eludir sus defensas mandatorias por el motivo que sea, como Deontay Wilder, Adonis Stevenson o Billy Joe Saunders han permanecido sin poner a prueba durante larguísimos periodos superiores al año, escogiendo cuantas más defensas voluntarias asequibles mejor. Eso sin contar que algunos boxeadores han decidido dejar vacante su cinto antes de enfrentarse a sus mantadorios, siendo el caso más emblemático de los últimos años la decisión de «Canelo» de dejar su título WBC para no medirse a Golovkin.


Indudablemente, en el futuro seguiremos viendo defensas mandatorias pésimamente elegidas como por ejemplo el Tyron Zeuge contra Isaac Ekpo, pero serán muchísimos más los casos en los que los monarcas pondrán decisivamente en peligro sus posiciones, como en los diversos enfrentamientos obligatorios parte del proceso de reducción de campeones en la WBA, en el combate entre Callum Smith y Badou Jack (si es que este no huye del choque como parece que hará), en el Daniel Jacobs vs. Gennady Golovkin, en el enfrentamiento entre Vargas y el ganador de la eliminatoria Takashi Miura vs. Miguel Román, en la unificación obligatoria del peso ligero entre el monarca WBA salido del cruce Linares-Crolla contra el ganador del campeonato WBC Zlaticanin-García, en el choque mandatorio entre Cuclay y Andrade, en el DeGale-Uzcátegui, en el Brook-Spence, en el Russell-Escandón, en el Lipinets-Indongo y en muchísimos más.


Por lo tanto, ante la pregunta ¿Son necesarias las defensas mandatorias? La respuesta debe de ser que sí incuestionablemente, aunque resultará siempre imprescindible que se decreten de la manera apropiada, dando prioridad a los boxeadores de mayor calidad y mejor estado de forma en las asignaciones directas y en el acceso a las eliminatorias, siendo igualmente ineludible que las listas mundiales sean configuradas de manera justa. Para ello se debería excluir el posicionamiento por captura de títulos menores (algo impensable para los organismos por su afán recaudatorio), sacar de las listas a los púgiles sin el nivel necesario o que no hayan logrado méritos recientes suficientes y ordenar debidamente las posiciones, siendo inaceptable que, por ejemplo, el número 2 sea infinitamente inferior en méritos y cualidades al 15º. Del mismo modo, se tienen que elaborar sistemas de control coordinados entre los cuatro organismos que, aunque puedan tener un mínimo de flexibilidad, eviten que en un arrebato de cobardía un campeón deje vacante su cinturón para no enfrentar a un durísimo mandatorio y pueda pelear inmediatamente después por el título mundial en otro organismo. Si se llevan a cabo estas medidas, cosa sumamente improbable pero que protegerían enormemente al boxeo y lo potenciarían, se podrían lograr campeones mundiales siempre de la máxima calidad posible, que se verían siempre obligados a demostrar que son los mejores, surgiendo del mismo modo una mayor cantidad de peleas sensacionales e interesantes para el público y que pudiesen generar mayores ganancias para promotores, púgiles, televisiones y demás implicados en el deporte de las 16 cuerdas.

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