Julián Ramírez – Christopher Martin (29/1/2016)

Belasco Theater, Los Angeles, Estados Unidos. Peso Superpluma.


Como ha sucedido en casi la totalidad de sus peleas, al igual que en las de otros destacados prospectos que comparten escuadra con él, Ramírez volvió a ofrecer una excelente actuación en la que dominó las acciones apabullantemente y en casi todo momento. El supuesto paso adelante en dificultad que debería suponer la pelea ante un púgil aparentemente exigente como Martin, finalmente no fue más que una prolongada persecución en la cual «El Camarón» pudo desplegar todo su repertorio ofensivo con puños desde todas las trayectorias. Desde el inicio el control de Ramírez fue férreo, impactando con dureza su gancho diestro y su directo de izquierda (Ramírez es zurdo), golpe éste último que haría tambalear en el primer round a su oponente. Por su lado, Martin, que ofrecía nula respuesta y era arrojado contra las cuerdas con facilidad, a penas hacia otra cosa que desplazarse por el ring esperando que disminuyese el ataque de su invicto rival.

El jab disuasorio que de forma escasa y esporádica Martin lanzaba para hacerse espacio no sirvió de nada, y Ramírez, que mostró enorme variedad de recursos y precisión, conectaba con fluidez golpes claros por todos los huecos que dejaba su rival, que no podía responder a tiempo a la gran mayoría de ellos. Y es que Ramírez encadenaba con velocidad por ejemplo ganchos diestros abajo con directos zurdos, seguidos por cruzados diestros y hooks de izquierda al rostro. Eventualmente, hacia la mitad de la pelea, Martin trataría de salir de las cuerdas de forma sostenida apoyado en ofensivas con directos o hooks, pero Ramírez no tardaría en recobrar el dominio de las acciones haciendo fallar a su adversario y contraatacándolo, todo ello a consecuencia de su gran control de ring. En este aspecto jugó un papel importante a favor de «El Camarón» un gancho zurdo arriba que entraba fácil en la mediaguardia de Martin, que a partir del sexto asalto intensificaría su presión para intentar revertir las negativa situación.


En cualquier caso, el aumento de la intensidad combativa de Martin sólo le llevaría a recibir contraataques más duros por parte de Ramírez, que con el uppercut combinado con el gancho, junto a otras combinaciones, a punto estaría de desbordar a Martin de forma definitiva. No fue así finalmente y, cuando peor lo estaba pasando, el experimentado boxeador lanzaría con más peligro su directo diestro y reordenaría sus ataques. Esto se vería facilitado por una ligera disminución de la presión de Ramírez, que permitió incluso a Martin en el séptimo round igualar un tanto las acciones con sus ganchos, aunque esa reacción sería breve. Poco tiempo transcurriría hasta que Ramírez volvería a impactar durísimos golpes, en especial un uppercut preciso que incluso impactaba con la mano adelantada saliéndose por el ángulo. Con todo, sus golpes, aunque veloces, no parecieron contar con la contundencia necesaria para quebrar la resistencia de Martin, que aguantaría en pie hasta el final a pesar de un fuerte cierre de pelea de Ramírez.


Concluido el enfrentamiento, solventemente dominado por Julián «El Camarón» Ramírez 16(8KO)-0, no se podía esperar otra cosa que unas cartulinas  muy amplias a su favor, como efectivamente lo fueron, dándole éstas el triunfo unánime por 100-90 y un 99-91. Es justo señalar que no fue un error del matchmaker pensar que un púgil de probada dureza como Chistopher Martin 29(8KO)-7(1)-3, que dejó algunos buenos asaltos contra el campeón Gary Russell, pudiese ofrecer una contendida pelea y un duro test al insigne prospecto pluma Ramírez. Pero esta consideración sobre el papel no se materializó sobre el ring, estando lejos el combate de la prueba de fuego o, al menos, del paso adelante en dificultad que su equipo buscaba. Así, y teniendo en cuenta que Ramírez parece firmemente consolidado en las peleas a 10 asaltos y que ha dominando enteramente sus enfrentamientos recientes ante boxeadores fogueados, parece inevitable que en su siguiente encuentro se mida a un púgil mucho más complicado que le obligue a trabajar y a desarrollarse. Porque si bien es cierto que sólo cuenta con 22 años y no es necesario tomar riesgos desorbitados, no parece nada conveniente, desde ningún punto de vista, que el imbatido boxeador permanezca estancado en su desarrollo con monótonas peleas que termina venciendo sin ceder a penas rounds y que no son suficientemente exigentes como para que pueda pulir debidamente sus errores, algo esencial en su futuro próximo cuando pelee por un hueco en la cumbre.

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