La infame WBA reprocha a la WBC la desposesión de Miguel Cotto

Ya sólo faltan dos días para la disputa del esperadísimo Cotto-Canelo y las miradas y las noticias están todas centradas en tan esperado duelo. Tanto es así que muy pocos son los promotores que han realizado confirmaciones de importancia, y es que de hacerlo probablemente verían la atención que quieren conseguir diluida por la que logra tan gran enfrentamiento entre los excampeones puertorriqueño y mexicano. Así, con la actualidad internacional un tanto estancada, y junto a incontables declaraciones de cualquiera que tiene que ver algo (o no) con el Cotto-Canelo, destacan entremedio de todas ellas unas palabras pronunciadas por el presidente de la WBA Gilberto Mendoza. Éste, que mantiene un silencio sepulcral en tantas ocasiones en las que debería de dar explicaciones, ha alzado la voz para criticar a la WBC por la desposesión a Miguel Cotto de su cinturón del peso medio.


Siendo justos y sinceros, lo cierto es que la actitud del Consejo puede ser cuanto menos cuestionable, sobre todo si, como afirma Cotto, el Consejo le demandaba 800.000 dólares para pagar a Golovkin por hacerse a un lado y permitir el choque con el «Canelo» Álvarez. Teniendo que añadir a esta cifra los 300.000 dólares de la sanción como combate mundial de la pelea. En cualquier caso, también cabe decir que esto podría haber sido evitado si Cotto hubiese aceptado el acuerdo con Álvarez varios meses atrás (como casi se hizo) o si hubiese dejado vacante su cinturón antes, pudiendo también haber aceptado afrontar sus obligaciones mandatorias previamente a batirse al extitular superwelter mexicano.


Más allá de lo señalado, y de que la WBC proyecta una aura de honorabilidad que no se materializa en muchas ocasiones, quien menos puede criticar a dicho organismo y a sus acciones y decisiones es la inmensamente corrupta WBA, que ha tratado por todos los medios en los últimos años de amasar una fortuna a costa de desprestigiar al boxeo. Es cierto que el Consejo ha permitiendo varias defensas en catchweight seguidas de algunos de sus campeones o defensas voluntarias inoportunas, algunas de ellas incluso contra rivales ni siquiera ranqueados en el top 15, y se pueden hacer mención de un lista considerable de demás irregularidades como un uso desmedido de los títulos menores. Pero todo ello ha sido replicado con creces por la WBA, organismo que saca enorme ventaja en corruptelas a cualquiera de las otras tres organizaciones boxísticas.


Cabe recordar el caso de Ali Raymi, «boxeador» minimosca yemení que batió a 22 desconocidos púgiles en el primer round pero que, a pesar de la sombra innegable del amaño  en dichas peleas, fue ranqueado en el top 10 de la WBA. Lo peor de todo es que después de unos meses del fallecimiento de Raymi la Asociación lo siguió manteniendo en su posición en el ranking, e incluso, cuando se destapó el escándalo, todavía lo mantuvo durante bastantes días más en la clasificación. Esta quizás sea una de las peores manchas recientes de la WBA, pero por lo demás sus muestras de inmoral arbitrariedad han sido constantes, creando una tabla de campeones con tres monarcas en casi todas las divisiones, manteniendo a algunos titulares destacados a pesar de sus incumplimientos prolongados de las normas y realizando en torno a ellos acciones deshonestas.

En un resumen rápido mirando a su tabla de campeones de arriba abajo: Ortiz peleó por el interino después de una sanción por dopaje; Shumenov fue inexplicablemente ranquedo en el top 3 crucero para que disputase el interino; Ward se mantuvo como campeón dos años sin realizar una defensa; a Chudinov se le exigió una revancha con Sturm habiendo arrollado a su rival en el primer enfrentamiento; Alfonso Blanco se hizo titular interino pero no se le dio su cinturón a la vez que Eubank era interino y se le permitía una última defensa; Mayweather sigue siendo campeón en dos divisiones a pesar de que lleva tres meses retirado; a Broner se le da una injusta oportunidad mundialista llegando de una derrota y tras coronarse se le asciende a supercampeón; Uchiyama dilata sus mandatorias durante meses más allá de lo permitido; se degrada a Cuellar a la vez que se crea súbitamente un supercampeonato disputado por Santa Cruz y Mares; a Rigondeaux se le nombra en receso sólo para que Quigg pueda disputar una unificación contra Frampton; Payano y McDonnell defienden de forma muy controvertida y no se les ordena revancha. Así se podría seguir durante páginas y páginas sin terminar de señalar todas las trampas de la WBA.


Pero sin prestar atención a ello, Mendoza dice que la WBC no se condujo bien en el tema de Cotto y que esta noticia expone a los organismos ante los aficionados ¿Y no expone a los organismos ranquear a un púgil muerto y las otras corrupciones hechas adrede para aumentar el prestigio o las arcas de la Asociación? No se puede mostrar menos vergüenza, aunque Mendoza lo compensará haciendo una ronda de visitas por los medios escritos y televisados para sanear su imagen, siendo apoyado en su empeño por numerosos críticos.


La verdad es que ante un gran combate como el Cotto-Canelo poco importan los elementos externos y, por otro lado, generalmente la WBA cuenta con excelentes boxeadores en sus listas que no tienen culpa de lo que se hace en los despachos, pero los aficionados deben tener presente siempre hasta donde llegan legítimamente las protestas y demandas de cada uno de los implicados y valorar los errores y logros en su justa medida, algo que la Asociación ha tratado de evitar aprovechando un momento de debilidad de otro organismo para tapar su propia inmoralidad.

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